jueves, 4 de diciembre de 2008


UNA PLEGARIA
Aun en el dolor siempre existe la esperanza...

El grito del alma desangrada
herida por el filoso martirio
de una espera inútil.
La esperanza de ese Amor
que nunca llega, aunque siempre,
y por brevísimos tiempo,
se perfila probable.
Sueños que se desgastan
entrando en coma, impredeciblemente.
Llantos que van inundando
las vivencias llenas
de palabras que sazonan
las mentiras
de un sutil juego
de seducción inútil, ilógico.
Y los labios siguen secos,
sedientos de besos apasionados
que desemboquen en abrazos
prolongados y fecundos.
Las manos inmóviles
sin cuerpo para acariciar,
para recorrer lentamente
y con ternura.
El corazón sangrante
de tanto Amor para dar,
desbordado en si mismo.
Palabras que nunca serán pronunciadas
porque no hay quien las escuche.
Y así, el mañana sigue su curso
mientras la vida solitaria transcurre.
Y la soledad se hace carne,
los sueños se deshilachan,
las palabras se diluyen en un silencio
muy parecido a la muerte.
Sin embargo, en una plegaria,
cada noche ella reza:
“Señor, que encuentre alguien
que pueda amarme, así sea”
Y todo parece comenzar
en la esperanza que mañana
todo será distinto.

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